sábado, 26 de junio de 2010

DÍA 3 "LOS CAMINOS desde el SUBCONSCIENTE al CONSCIENTE" -Fisiología del Cerebro"

LOS CAMINOS DEL SUBCONSCIENTE

El jardín del mundo no tiene límites, excepto en tu mente. Su presencia es más bella que las estrellas, es más clara que el espejo de tu corazón. Rumí

Después de haber leído el artículo anterior, como mediante la Morfopsicología “Análisis e interpretación del rostro” forma parte de tu Subconsciente y Consciente, hoy nos introduciremos en la “fisiología del cerebro” para comprender como el subconsciente controla nuestros actos cotidianos.

Te relato una historia conocida de cómo el químico alemán Kekulé descubrió la estructura del Benceno

“Era un apasionado de la química y estaba obsesionado con la estructura del Benceno. Una noche soñó con una hoguera de la que saltó una chispa que dibujó una serpiente mordiéndose la cola. De este sueño, dedujo la estructura del Benceno”…

“Cuando estás apasionado la información pasa de forma natural del lado derecho del cerebro (inconsciente) al izquierdo.

“Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. Santiago Ramón y Cajal

El Intelecto, la Mente Consciente, cree que es la encargada de resolver los problemas. Que controla lo que sucede y lo que se experimenta. Sin embargo, de acuerdo con los estudios del profesor Benjamín Libet, de la Universidad de California, nuestras decisiones son tomadas ANTES de que la conciencia lo haga. El Intelecto no es consciente de esto y cree que es él quien decide.

El inconsciente trabaja constantemente, sin que nos demos cuenta, conectando puntos que parecen no tener nada que ver. Hay que prestar atención a los mensajes que nos manda el lado derecho del cerebro”.

Hay tres voces que tenemos que aprender a callar: la pesimista, la punitiva y la sumisa.

La pesimista hace que se produzca la hormona del miedo (Cortisol) que anula las funciones básicas del cerebro, entre ellas, la creatividad.

La punitiva hace que nos juzguemos, que midamos nuestras acciones en términos de fracaso, en vez de éxito.

“De cada cosa que hagamos, deberíamos pensar: lo he conseguido. Y si no, he aprendido algo. Pero jamás, he fracasado”.

Y la sumisa, que se conforma.

“Hay que dar pequeños pasos, pero avanzar, ser proactivo”

El cerebro es un músculo y hay que ejercitarlo diariamente. El problema actual es que solo se entrena el lado izquierdo del cerebro y dejamos de entrenar el lado derecho.

El gran enigma queda al descubierto

Son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo.

“Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”.

Hay que entrenar esa mente.

El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tienen la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.

La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional.

Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.

La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con trastornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.

Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.

Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harvard han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.

Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Mehrabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.


El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona. La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.

Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Por ello es muy importe comprender el poder que tiene el entrenamiento de la mente.

Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia. Ver lo que hay y aceptarlo. Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar.

Recuerda que:

“Lo que se resiste persiste”

La aceptación es el núcleo de la transformación.

La farmacia del cerebro

En un pequeño órgano llamado hipotálamo se fabrican las respuestas emocionales. Allí, en nuestro cerebro, se encuentra la mayor farmacia que existe, donde se crean unas partículas llamadas “péptidos”, pequeñas secuencias de aminoácidos que, combinadas, crean las neurohormonas o neuropéptidos. Ellas son las responsables de las emociones que sentimos diariamente. Según John Hagelin, profesor de física y director del Instituto para la ciencia, la tecnología y la política pública de la Universidad Maharishi, dedicado al desarrollo de teorías del campo unificado cuántico: “hay química para la rabia, para la felicidad, para el sufrimiento, la envidia…”

En el momento en que sentimos una determinada emoción, el hipotálamo descarga esos péptidos, liberándolos a través de la glándula pituitaria hasta la sangre, que conectará con las células que tienen esos receptores en el exterior. El cerebro actúa como una tormenta que descarga los pensamientos a través de la fisura sináptica. Nadie ha visto nunca un pensamiento, ni siquiera en los más avanzados laboratorios, pero lo que sí se ve es la tormenta eléctrica que provoca cada mentalismo, conectando las neuronas a través de las “fisuras sinápticas”.

Cada célula tiene miles de receptores rodeando su superficie, como abriéndose a esas experiencias emocionales. Candance Pert, poseedora de patentes sobres péptidos modificados y profesora en la universidad de medicina de Georgetown, lo explica así: “Cada célula es un pequeño hogar de conciencia. Una entrada de un neuropéptido en una célula equivale a una descarga de bioquímicos que pueden llegar a modificar el núcleo de la célula”.

Nuestro cerebro crea estos neuropéptidos y nuestras células son las que se acostumbran a “recibir” cada una de las emociones: ira, angustia, alegría, envidia, generosidad, pesimismo, optimismo… Al acostumbrarse a ellas, se crean hábitos de pensamiento. A través de los millones de terminaciones sinápticas, nuestro cerebro está continuamente recreándose; un pensamiento o emoción crea una nueva conexión, que se refuerza cuando pensamos o sentimos “algo” en repetidas ocasiones. Así es como una persona asocia una determinada situación con una emoción: una mala experiencia en un ascensor, como quedarse encerrado, puede hacer que el objeto “ascensor” se asocie al temor a quedarse encerrado. Si no se interrumpe esa asociación, nuestro cerebro podría relacionar ese pensamiento-objeto con esa emoción y reforzar esa conexión, conocida en el ámbito de la psicología como “fobia” o “miedo”. Todos los hábitos y adicciones operan con la misma mecánica. Un miedo (a no dormir, a hablar en público, a enamorarse) puede hacer que recurramos a una pastilla, una droga o un tipo de pensamiento nocivo. El objetivo inconsciente es “engañar” a nuestras células con otra emoción diferente, generalmente, algo que nos excite, “distrayéndonos” del miedo. De esta manera, cada vez que volvamos a esa situación, el miedo nos conectará, inevitablemente, con la “solución”, es decir, con la adicción. Detrás de cada adicción (drogas, personas, bebida, juego, sexo, televisión) hay pues un miedo insertado en la memoria celular.

La buena noticia es que, en cuanto rompemos ese círculo vicioso, en cuanto quebramos esa conexión, el cerebro crea otro puente entre neuronas que es el “pasaje a la liberación”. Porque, como ha demostrado el Instituto Tecnológico de Massachusetts en sus investigaciones con lamas budistas en estado de meditación, nuestro cerebro está permanentemente rehaciéndose, incluso, en la ancianidad. Por ello, se puede desaprender y reaprender nuevas formas de vivir las emociones.

Espero que este artículo te haya resultado interesante y te ayude a comprender el por qué de nuestras reacciones ante diversas situaciones que ocurren a diario en nuestra vida, donde el subconsciente es el principal eje para encontrar esas respuestas a tus preguntas.

Fuentes consultadas: Conferencias y Entrevista a Dr. Mario Alonso y Conciencia emocional.


Nos encontramos en el próximo camino desde El Subconsciente…

En el mientras tanto ten un maravilloso día, salvo que tengas otros planes.

Espero saber de ti,

Agustina

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